Ya hemos escuchado muchas veces que es muy importante hidratarse correctamente a la hora de realizar ejercicio físico, pero lo que no tenemos tan claro es cuál es la mejor forma de hacerlo.
Justo antes de comenzar, sin duda alguna, lo mejor es tomar sólo agua. Pasará rápidamente a la sangre y a las células, ya que no se detiene en el estómago. Mejor un buen vaso de agua a pequeños sorbos.
Cuidado con  tomar zumos o bebidas azucaradas antes de comenzar el ejercicio, ya que el vaciado gástrico es muy lento. Podemos provocar una respuesta insulínica aguda y seguidamente una hipoglucemia, que coincidiría con la demanda de glucosa del ejercicio. Esto puede derivar en la tan temida por los deportistas “pájara” o falta de glucosa al cerebro, con aparición de fatiga y desorientación.

También debemos recordar que las bebidas con cafeína producen diuresis y deshidratación.

Si optamos por una forma natural de hidratarnos y disponer de energía en las horas previas al ejercicio, un zumo de frutas con fresas, cerezas o manzanas, además de hidratarnos, por su bajo índice glucémico nos garantizará unos niveles de glucosa constantes y mantenidos.
Pero para recuperarnos para las siguientes sesiones, es fundamental la hidratación tras el ejercicio. Es muy importante que las comidas posteriores al entrenamiento sean abundantes en líquidos y bajas en sodio. Debemos apostar por las frutas y hortalizas, y evitar los alimentos en conserva, embutidos, fiambres, frutos secos, ya que su elevada cantidad de sodio no permitirá una adecuada hidratación a nivel celular. Nada más terminar lo mejor es solo agua fresca, aunque no excesivamente fría o helada. Una vez que nos hemos apagado la sensación de sed, es muy interesante consumir frutas de alto índice glucémico. Además de hidratarnos, nos aportarán los primeros hidratos de carbono para esta fase de recuperación rápida, acelerando así la recuperación para posteriores sesiones. Las frutas ideales para este momento son la sandía y el melón dulce.