NUESTRA HISTORIA - Farmacia San Andres

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NUESTRA HISTORIA

LA FARMACIA
HISTORIA DE LA FARMACIA SAN ANDRES

Desde que Leioa comenzó su andadura como municipio independiente al desanexionarse de Erandio en el siglo XVI, fue una zona básicamente rural con un volumen de población no muy elevado que para mediados del siglo XIX no llegaba a los 700 habitantes. Pero precisamente en la segunda mitad de esa centuria empezaron a producirse una serie de cambios que traerían consigo una profunda transformación del pueblo.

Y es que entonces se agregó a Leioa la extensa vega de Lamiako, al ser desecadas en aquella época las marismas que allí existían como consecuencia de la construcción de los muelles de la ría. Adquiridos buena parte de estos terrenos por Don Máximo Aguirre, éste procedería a su acondicionamiento lo que más tarde permitió urbanizar no sólo Lamiako, sino también la zona de Las Arenas y Romo. La construcción de la línea ferrea, así como la carretera Las Arenas-Bilbao beneficio a la zona de Lamiako donde comenzaron a asentarse diferentes empresas como la Compañia de vidrios y la Compañia de Alcoholes.

Hasta principios del siglo XX, los vecinos de Leioa habían dependido para los servicios farmacéuticos del cercano municipio de Getxo. Sin embargo a principios de 1926 Don Angel Chacón Laiz, natural de Pola de Gordón (León) abrió la primera farmacia de Leioa en el barrio de Lamiako. Éste farmacéutico sólamente estuvo unos meses. Seguidamente a finales de 1926, Don Jesús López de Baró, natural de Autol (La Rioja), abrió su botica en el mismo barrio de Lamiako pero en otra dirección, junto a la carretera paralela a la ría, en frente de Altos Hornos.

Esta dirección se mantuvo hasta llegar a manos de otro ilustre ciudadano de Lamiako, Don Antonio San Andrés, natural de Villarejo de Salvanés (Madrid). Nacido el 7 de noviembre de 1911 y cursando sus estudios en la Universidad de Madrid, habiendo concluido sus estudios en 1942. Todo ello con un periodo de "impasse" desde el año 1936 a 1939, en el cual tuvo que ejercer como capitan farmacéutico en el ejercito Republicano durante la Guerra Civil Española. Concluida la contienda volvio a sus estudios para terminarlos con nota sobresaliente.

En aquellos tiempos y por lo que a la vida diaria del establecimiento se refiere, antaño era frecuente que los aldeanos de la zona rural del pueblo pagaran sus gastos en la botica con productos del campo, sobre todo manzanas, higos, o cualquier otra fruta de la estación. En parte por esto y en parte por otra serie de circunstancias, la farmacia no daba lo suficiente para vivir toda la familia, de tal modo que, el Sr San Andrés se veía obligado a compaginar su trabajo de farmacéutico con su trabajo en el laboratorio farmacéutico FAES, situado en el mismo barrio. Quizá por ello hacía mucha formulación, a veces en la propia botica y otras en los laboratorios citados. Precisamente dentro de este campo, aunque hacía todo tipo de medicamentos, había un producto especial para los sabañones que él elaboraba según fórmula propia, el cual era muy demandado por todas las lecheras de la comarca por sus buenos resultados. A su vez, la farmacia surtía a los diferentes botiquines de las empresas de la zona gracias a un recadista que había en la botica. Dicho recadista hacia los encargos en bicicleta, aunque muchas veces cuando iba a cogerla se daba cuenta de que no estaba porque se la habían quitado para jugar los hijos del boticario y los demás chiquillos del barrio. Por otro lado, se pasaba consulta médica en la propia farmacia, y allí mismo se hacían también, como era habitual en la época, numerosas curas de urgencia. Era, en definitiva, un ambiente muy familiar en el que las reuniones y charlas estaban garantizadas.

La farmacia se mantuvo en dicha situación hasta finales de los 50, trasladándose a la calle Languileria del mismo municipio y barrio. Hasta el año 1971 (año de su fallecimiento) trabajó en dicha farmacia, desempeñando la actividad de farmacéutico unida a la de fiscal de paz e inspector farmaceutico municipal (controlador de alimentos que se producian en el municipio). Ese mismo año heredó el establecimiento la viuda de Don Antonio, es decir, Dña Mª Concepción Renedo, natural de La Habana (Cuba), que al igual que su marido, también se había licenciado en Farmacia por la Universidad de Madrid en 1942. Junto al cambio de titularidad, la farmacia contempló un cambio de situación geográfica y es que la viuda de Don Antonio junto con sus hijos, los cuales la ayudaban mientras ella fue titular, se trasladaron a su destino final y actual. Este destino es la plaza Larramendi, ubicada en el barrio de Pinueta, un barrio de construcción nueva allá por principios de los años 70. En estos años se vieron cosas tan variopintas como preparar una paella en la farmacia, celebrar una nochevieja con toda la familia en el interior de la oficina debido a que la farmacia estaba de guardia de noche o las inundaciones de 1983 donde el hijo de Doña Concepción tuvo que ir a rescatar a su madre en un bote de remos. Aun así la farmacéutica paso a la memoria de los pacientes como Doña Concha, bueno y también por su indomable caracter.

Ella continuaría al frente de la oficina hasta que en 1987 se jubiló y dejó la farmacia a su hijo Don Pablo San Andrés, nacido en el mismo Leioa, hijo de padre farmacéutico y madre farmacéutica, acabó también estudiando Farmacia, cosa que hizo en la Universidad de Madrid, donde se licenció en 1987. Nada más terminar la carrera su madre le donó la botica, pasando unos primeros años duros debido a la expansión del resto de farmacias y a la compleja situación a la que estaban sometidas la gran mayoría de farmacias de barrio, es decir, los narcóticos y narcoticoadictos. Por esas fechas la propia mujer de Don Pablo le ayudaba como auxiliar en las labores de la farmacia (además de pintar los diferentes murales de la fachada de la pared de la farmacia), mientras que la rebotica de la propia oficina se convertía en un patio de colegio para los hijos del matrimonio y los demás niños del barrio, donde pasaban todas las tardes jugando con los juguetes que tenían e incordiando a los diferentes pacientes que se acercaban a la farmacia.

Ya a principios del siglo XXI, con la farmacia dirigida con mano flexible y una clientela agradecida y soberanamente fiel, terminó sus estudios la hija mayor de Don Pablo, es decir, Ainhoa San Andrés, nacida en Madrid en el año 1975 y licenciada por la Universidad del Pais Vasco en el año 2000. Durante esta decada, debido a la ausencia cada vez mayor de la mujer del boticario y el auge en el número de pacientes, Don Pablo tuvo que contratar un nuevo auxiliar (llamada Concepción Cruz) para hacer frente a esta situación. Ésta contratación en el año 2008 vino acompañada de la incorporación del hijo menor de Don Pablo, Xabier San Andrés, el cual se licenció en el año 2009 por la Universidad del Pais Vasco.

Finalmente, a partir de ese año 2009 Don Pablo fue poco a poco retirándose y delegando los trabajos de gestión y dirección de la oficina en sus dos hijos, hasta que en el año 2013 decidió jubilarse, heredando su hijo menor la farmacia.
 
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